Cuando oigo hablar a alguien y decir que está harto de darse contra las paredes, de llevarse desilusiones, de que se le rompa el corazón, le escucho y pienso cuanto le envidio.
Le envidio porque es capaz de ilusionarse aunque luego se tropiece y encuentre la parte amarga de la vida. Porque si a el le rompen el corazón es porque tiene uno lo suficientemente tierno capaz de partirse en mil pedazos como un cristal.
Yo hace tiempo que enterré mi corazón en algún lugar profundo y gélido de mi ser. Y dejé de emocionarme con las caricias, con los abrazos, dejé de sentir los desprecios, los insultos, pero también el amor y el afecto.
Sin darme cuenta y sin saber cómo evitarlo dejé de sentirme viva... Me resigné a estar en este mundo sin formar parte de él...
"NO SER INFELIZ NO SIGNIFICA SER FELIZ, A VECES, SIGNIFICA SER INDIFERENTE"